The Goodog

Mujeres, deportes de mordida y entrenamiento en positivo

Tres voces que están cambiando el deporte
Ilustración a línea de unos perros portando carteles reivindicativos en el día de la mujer

Tabla de contenidos

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es un buen momento para reflexionar sobre aquellos espacios donde las mujeres seguimos siendo minoría.

Uno de ellos es el de los deportes caninos de mordida, como el mondioring o el ring francés. Durante décadas han sido disciplinas profundamente masculinizadas, tanto por la presencia mayoritaria de hombres como por una cultura de entrenamiento tradicional basada en la presión, la dominación o el uso de herramientas aversivas.

Sin embargo, algo está empezando a cambiar.

Cada vez somos más las entrenadoras que apostamos por otra forma de practicar estos deportes: entrenar desde el juego, la cooperación y el bienestar animal, priorizando la relación con el perro y su bienestar sin renunciar al trabajo técnico ni al deporte.

Para este artículo en nuestro blog de Malas Perras hemos querido hablar con tres mujeres que admiramos profundamente. Mujeres que entrenan, compiten y enseñan deportes de mordida desde una perspectiva diferente.

Ellas son

Inês Santos (Portugal)

Comenzó su camino en el entrenamiento canino en 2017, cuando tuvo su primer perro propio y empezó a entrenar principalmente habilidades. A través de ese proceso fue descubriendo distintos deportes caninos hasta entrar en contacto con el Mondioring, disciplina que se practicaba en el club donde entrenaba.

En 2018 llegó a su vida su primer Pastor Belga Malinois, con el que empezó a entrenar específicamente para este deporte, iniciando así su recorrido dentro de los deportes de mordida.

Desiree Cerati (Italia)

Es educadora y adiestradora canina certificada por ENCI. Comenzó a interesarse por los deportes de mordida en 2010 junto a su primer Pastor Belga Malinois, Crack.

A lo largo de los años ha trabajado tanto en educación canina como en la preparación de perros para competiciones deportivas. En 2018 fundó la asociación deportiva TOPDOG, con el objetivo de difundir cultura canina y promover una relación positiva entre las personas y sus perros.

Tras participar en el seminario Bitework Project de Mariona Monrós en 2019, decidió transformar completamente su enfoque en los deportes de mordida, pasando a trabajar exclusivamente con refuerzo positivo. Actualmente compite internacionalmente en Mondioring y Ring Francés y dirige el Centro Cinofilo Fluminis Padi, donde forma a guías y perros en educación, deporte y desarrollo del vínculo.

Manon Machat (Francia)

Lleva casi una década practicando Ring francés. Sus comienzos en el deporte fueron con métodos tradicionales y coercitivos junto a su primer perro, Marley.

La llegada de su actual perra, Oran —nacida curiosamente un 8 de marzo— marcó un punto de inflexión en su forma de entrenar. Manon decidió cuestionar lo que había aprendido hasta entonces y formarse en métodos basados en refuerzo positivo. Hoy trabaja acompañando a binomios a través de seminarios y sesiones individuales, utilizando el juego, la cooperación y una buena estructura de entrenamiento para mejorar la comunicación entre perro y guía. Junto a Oran ha alcanzado el grado 3 en su disciplina, demostrando que es posible competir en deportes de mordida desde una perspectiva basada en el respeto y el bienestar del perro.

Les hemos hecho seis preguntas sobre el presente y el futuro de los deportes de mordida, sobre género y cultura dentro del deporte canino, y sobre lo que significa abrirse camino en un entorno que todavía sigue siendo mayoritariamente masculino.

La entrevista

P: ¿Cómo ves el mundo de los deportes de mordida en la actualidad?

R: Manon Machat

Para mí es un mundo que está envejeciendo y que poco a poco se está cerrando sobre sí mismo. Cada vez hay menos gente que realmente conoce la mordida, ya no está tan abierto al público y la gente ya no va a ver competiciones.
Cuando escuchas a las personas que llevan muchos años en esto, cuentan que antes los concursos de mordida eran eventos muy populares, con mucho ambiente.
Hoy en día incluso entre las nuevas generaciones hay muy poca gente. Se abren muy pocas plazas en los equipos, así que, para mí, es un mundo que lamentablemente está desapareciendo.

R: Inês Santos

Ahora mismo no estoy practicando deportes de mordida. Retiré a mi perro de la competición hace unos dos años debido a una lesión y desde entonces he tenido menos contacto con ese mundo.
Pero mi experiencia desde 2018 hasta hace dos años es que es un mundo extremadamente machista y elitista.
Hay muy pocas mujeres y todavía somos vistas de una manera un poco diferente. Al menos en Portugal sigue siendo así.
No sé si en otros países ocurre menos, quizá sí. Pero aquí sigue siendo un deporte con relativamente pocos practicantes, donde muchas personas llevan muchos años y, aunque van apareciendo personas nuevas, la mayoría siguen siendo hombres.

R: Desiree

Hoy en día el mundo de los deportes de mordida, especialmente en Italia —que es el contexto que más conozco— ha crecido mucho. En la disciplina de mondioring, que es la que practico principalmente, hay muchísimos binomios nuevos debutando, con muchos perros en categoría 1. Si lo comparo con hace 15 años, cuando empecé, entonces había como mucho diez perros en categoría 1 y unos 4 o 5 en categoría 3. Hoy en día los números prácticamente se han duplicado, así que diría que últimamente es una disciplina que gusta mucho y a la que se han acercado muchísimos aficionados de la cinofilia. En cuanto al papel de la mujer en este tipo de disciplinas, debo decir que últimamente —siempre hablando del contexto italiano— hay muchísimas chicas que se han acercado a estos deportes y muchas que compiten con perros en mondioring o en IGP. Así que, al menos en mi país, no existe una gran diferencia entre las mujeres que practican deportes como obediencia o agility y las que se dedican a deportes de mordida.

P: Los deportes de mordida siguen siendo espacios mayoritariamente masculinos. ¿Cómo ha sido tu experiencia como mujer dentro de este entorno? ¿Has sentido que se te percibe o exige algo diferente?

R: Manon Machat

Sentí que se nos juzgaba de forma diferente, que nunca estábamos realmente a la altura, que nunca era suficiente y que era muy difícil hacerse un lugar. En general, no se nos tomaba en serio. Al principio yo no me ponía el traje, así que parecía que lo único importante era el trabajo de los hombres de ataque. El papel de las mujeres que entrenaban quedaba muy invisibilizado. Incluso alrededor de mí veía mujeres que se implicaban muchísimo en el entrenamiento, pero ese compromiso no se reconocía. Siempre se terminaba remitiendo al hombre de ataque o al compañero que estaba detrás. En general, sentí que las mujeres no éramos tomadas en serio. A mí particularmente no se me tomaba en serio y, cuando empecé a cambiar mi forma de entrenar, fui muy ridiculizada y menospreciada. Cuando empecé a hacer mordida, salía de entrenar llorando una de cada dos veces, porque había mucha presión. Yo no quería dejarme pisar, decía lo que quería y lo que no quería hacer, y fue muy duro intentar integrarme en ese mundo y ser considerada al mismo nivel que los hombres.

R: Inês Santos

Sí, sin duda. Al ser un espacio con muchos hombres, cuando entramos mujeres —que somos muchas menos— inevitablemente hay más miradas. No somos simplemente “una competidora más”. Hay más comentarios, más gente observando lo que hacemos o decimos. A veces de forma condescendiente y otras de forma paternalista. Pero claramente no se nos ve simplemente como otra persona compitiendo con su perro.

R: Desiree Cerati

En cuanto a mi experiencia personal con los deportes de mordida, mi disciplina principal era el ring francés, que se practica únicamente en Francia, y el contexto es bastante diferente al del mundo del mondioring en Italia. La presencia de mujeres es claramente menor y, además, la media de edad es bastante más alta que la que veo aquí en Italia en el mondioring. Personalmente, casi nunca he percibido dificultades de integración cuando he ido a competir, incluso hace años. Seguramente, al venir de Italia —y por tanto ser extranjera— y además ser más joven que la mayoría de los participantes, lo que he percibido ha sido más bien una especie de gentileza especial hacia mí. Al principio ni siquiera conocía muy bien el idioma y, en cuanto al nivel competitivo, seguramente no era una competidora de la que hubiera que preocuparse demasiado. Por eso siempre me he encontrado bien y nunca he tenido que demostrar nada.

P: La obediencia es un deporte con mayoría femenina y asociado al entrenamiento en positivo. Sin embargo, en mordida predominan los hombres y el uso de herramientas de castigo. ¿Crees que hay una relación entre género y la forma de entender el entrenamiento?

R: Manon Machat

Claramente pienso que el género está directamente relacionado con la manera de concebir el entrenamiento y que no tiene ningún origen biológico, por supuesto. Para mí es realmente una cuestión de socialización y de cómo se enseña a los hombres a situarse en la dominación, en la opresión y a hacerse respetar, mientras que a las mujeres se les enseña a estar mucho más atentas a las necesidades de los demás. A las mujeres se les enseña la empatía; se les enseña a cuestionarse a sí mismas porque se les enseña que nunca están a la altura, que son o demasiado o insuficientes, pero nunca es lo correcto, haga lo que haga, sea cual sea el ámbito. Así que, para mí, está directamente relacionado con la socialización y, al formar parte de una minoría oprimida, pienso que estamos directamente afectadas y somos mucho más sensibles al sufrimiento que los animales pueden sentir. Cuando vemos a nuestros perros sufrir en los terrenos, nos afecta mucho más y somos mucho más capaces de cuestionarnos que los hombres. Esto no significa que ninguna mujer sea violenta ni que todos los hombres lo sean, pero sí significa que, estadísticamente, hay mucha más violencia masculina, ligada por tanto a la socialización. Así que sí, el género está relacionado con la violencia.

R: Inês Santos

Creo que sí. Creo que hay varios factores que contribuyen a ello. El primero tiene que ver, al menos en Portugal, con nuestra historia social y con la forma en que tradicionalmente se han definido los roles de hombres y mujeres. Las mujeres, en general, suelen ser más comprensivas y tolerantes, y eso quizá también se refleja en un tipo de entrenamiento diferente. Los hombres, tradicionalmente, han sido vistos como más fuertes, más rígidos, y eso también puede trasladarse al entrenamiento. También tiene que ver con una cuestión física: para muchos hombres, que suelen tener más fuerza, puede resultar más fácil corregir físicamente a un perro, ya sea usando herramientas punitivas o utilizando la propia fuerza. Para muchas mujeres eso no es tan fácil, simplemente por una cuestión de estructura física. Y quizá, históricamente, eso ha hecho que muchas mujeres empezaran a buscar otras soluciones a sus problemas, más allá del uso de la fuerza. Por supuesto, hoy sabemos que existen estudios y conocimientos que avalan diferentes formas de entrenar. Aunque también sabemos que los estudios siempre tienen limitaciones y que es importante seguir investigando. Pero históricamente el entrenamiento —especialmente en este tipo de deportes— viene de una tradición más punitiva y más negativa. Y mucha gente no ha evolucionado desde ahí. Al menos lo que yo observo es que todavía existe cierta asociación entre entrenamientos basados en fuerza o herramientas que generan incomodidad y la presencia masculina en estos deportes.

P: Practicar deportes de mordida sin utilizar herramientas que provoquen dolor físico sigue generando debate. ¿Por qué elegiste entrenar así y qué resultados has visto?

R: Manon Machat

Porque me di cuenta de que el entrenamiento se había convertido en una fuente de sufrimiento tanto para mí como para mi perro. No disfrutaba entrenando y todo se reducía a anticipar la siguiente competición. Y si iba a pasar horas entrenando para que mi perro estuviera mal y yo también, dejaba de tener sentido. Además empecé a observar lo que ocurría en otros clubes y disciplinas, especialmente en obediencia. Allí veía resultados increíbles sin necesidad de collares de púas, collares eléctricos ni presión constante. Cualquiera que se interese por la obediencia de alto nivel puede ver que son capaces de hacer cosas absolutamente impresionantes. Entonces me pregunté: ¿por qué no podría hacerse lo mismo en la mordida? ¿Son realmente tan diferentes nuestros perros? Sí, en el mordida hay motivaciones muy fuertes, pero también tenemos algo interesante: podemos recompensar a nuestros perros durante el propio recorrido, algo que en obediencia no ocurre.

Cambiar mi forma de entrenar transformó completamente mi relación con mi perra. Descubrí una verdadera compañera de entrenamiento. Aprendí a comunicarme con ella, a entenderla y a adaptarme a lo que me proponía. Tuve que empezar a tener en cuenta sus emociones, su estado, y eso nos llevó a construir una relación muy profunda. En competición, aunque nuestros resultados no fueran extraordinarios, descubrí algo muy importante: entraba al campo con ganas y disfrutaba con mi perra. A pesar del estrés, nos divertíamos. Y muchas veces recibía comentarios de personas del mundo de la obediencia que me decían que era muy bonito ver nuestro trabajo, que se veía la complicidad del binomio, un perro dinámico, con ganas de trabajar. También descubrí que era posible enseñar con mucha precisión y trabajar el detalle de cada parte del ejercicio, algo que para mí no habría sido posible con otros métodos.

R: Inês Santos

Es difícil para la mayoría de las personas este cambio. Y creo que, en lo que respecta al deporte de mordida, este cambio ha ido siendo muy lento y muy gradual. Y, como todavía hay pocas personas entrenando sin herramientas que causen incomodidad al perro en los deportes de mordida, todavía no existen suficientes resultados como para poder decir que podemos entrenar así y que vamos a tener buenos resultados incluso a nivel de competición. Porque si tenemos mil personas compitiendo y 900 usan herramientas y 100 no las usan, a nivel de probabilidad es obvio que hay más probabilidades de que quien entrena con herramientas aversivas tenga buenos resultados que quien no entrena así, porque el número es mucho más pequeño. Y yo creo que eso marca mucha diferencia. Mientras no haya mucha gente cambiando el tipo de entrenamiento, creo que no vamos a avanzar, porque las personas que llevan más tiempo vinculadas a este tipo de entrenamiento no van a ver que es posible obtener los mismos resultados con un entrenamiento diferente.

¿Por qué elegí este tipo de entrenamiento? Elegí este tipo de entrenamiento porque no me veo a mí misma causando dolor o incomodidad a mi perro por un deporte que es algo que yo quiero hacer. Si él quiere competir, eso ya sería otra cosa. Mi perro no tiene interés en competir. A mi perro puede gustarle entrenar, pero no tiene interés en competir. Es decir, para mí no tiene sentido estar castigando a mi perro o maltratándolo, tratándolo mal, causándole dolor o incomodidad por algo que yo quiero hacer. Porque, si no fuera para competir, la verdad es que probablemente la mayoría de las personas no exigiría tanto a los perros y no acabaría causando tantos problemas. No estamos aquí hablando de problemas de comportamiento ni de cosas normales de un perro paseando por la calle, que a veces también hay dueños que no saben manejar. Estamos hablando de algo que nosotros queremos hacer, que es competir con nuestro perro en una determinada disciplina. Ni siquiera estamos hablando de entrenar.Si estamos hablando de entrenar, podemos repetir veinte veces lo mismo, treinta, cuarenta, cincuenta, hasta que el perro haga lo que queremos y premiar esa respuesta. A veces, para mucha gente que está acostumbrada a entrenar de otra manera, es más fácil aplicar un castigo más fuerte y que el perro lo entienda más rápido. No lo sé. Para mí no tiene sentido. Creo que la competición es algo para mí, y el entrenamiento es algo para los dos, para mí y para mi perro. Es algo que hacemos los dos y, por lo tanto, tiene que ser agradable para ambos. Está claro que el perro tiene que entender cuándo se equivoca, pero tampoco hace falta tratarlo mal ni causarle dolor para que lo entienda. Existen otras formas de entrenar.

¿Cómo creo que esto ha influido en mi relación con mi perro? Creo que influye mucho porque, en el fondo, el perro confía en mí y sabe que no lo voy a tratar mal. Y se ve en el tipo de relación que tengo con él: se ve que al perro le gusta estar conmigo, que no tiene miedo de estar conmigo, entre otras cosas. Creo que se convierte en una relación muy placentera tanto para él como para mí. Es un perro al que le gusta entrenar, siempre tiene disposición para hacer más, siempre tiene ganas de hacer cosas conmigo. Cosas diferentes. Es decir, aunque yo empecé en un deporte de mordida, en este momento, debido a la lesión que tuvo, estoy practicando un deporte completamente diferente y a mi perro le gusta igual hacerlo, porque está entrenando conmigo y haciendo cosas conmigo.

P: ¿Qué crees que debería cambiar dentro del deporte canino para que sea más igualitario y respetuoso con los perros?

R: Manon Machat

Para empezar, en mi opinión, la actitud del perro y la actitud del conductor o la conductora deberían ser primordiales a la hora de entrar en una competición. No debería permitirse que entren perros que van arrastrándose o que tienen miedo en el terreno; no es posible seguir viendo hoy en día perros en ese estado. También deberíamos estar formados antes de entrenar perros, recibir una formación adecuada para poder estar atentos y atentas a todas esas señales. No debería ser posible ejercer presión o amenazar durante una competición; claramente debería ser castigado de forma severa, incluso con la expulsión del terreno. En realidad, todo lo que está más allá de la precisión del ejercicio o de la puntuación debería tener más peso. La actitud general —como ya se evalúa en obediencia— debería tenerse realmente en cuenta. Y, como decía antes, nuestras instituciones deberían poner en marcha verdaderas formaciones: formaciones sobre comportamiento, sobre las señales de los perros. También quizá habría que flexibilizar algunos puntos del reglamento, algunos detalles muy específicos —por ejemplo el tarda en soltar— y permitir un poco más de tolerancia, como ya ocurre en algunas disciplinas. Así, los conductores no se verían tan empujados a presionar a los perros para alcanzar esa microfracción de segundo de retraso que se pasa del límite, cuando en realidad ese no es el corazón de la disciplina. Lo que queremos son perros combativos, perros valientes, que estén presentes en la mordida, implicados en el trabajo, pero que al mismo tiempo estén bajo control. Si paran un segundo antes o un segundo después, mientras paren, nuestros perros siguen estando bajo control. Y mientras no se desborden y seamos capaces de mantener el vínculo y la conexión con ellos durante todo un recorrido de mordida, entonces nuestros perros están bajo control. Para mí, eso es lo que debería primar.

R: Inês Santos

Para que el entrenamiento de mordida sea más respetuoso, creo que habría que penalizar más cuando en competición se ve claramente que los perros tienen miedo de sus conductores. Supuestamente esto figura en el reglamento de Mondioring, pero la verdad es que yo nunca he visto que lo aplicasen.

R: Desiree Cerati

Para fomentar el uso del método positivo creo que, antes que nada, se podría cambiar algo a nivel de los criterios de evaluación. Es decir, si además de valorar la técnica y la correcta ejecución del ejercicio, el juez tuviera también un apartado en su ficha para evaluar la actitud del perro, seguramente las personas intentarían —o al menos probarían— a hacer algo diferente. Pensarían más en entrar al campo con un perro un poco más contento, más alegre, en lugar de entrar con un perro con la cola entre las patas, encogido.
Esto podría ayudar un poco en el uso de métodos positivos o, al menos, menos coercitivos.

P: ¿Crees que la resistencia al entrenamiento en positivo en mordida tiene también una raíz cultural y de género?

R: Manon Machat

Sí, para mí esto tiene raíces culturales y está directamente relacionado con el género. Vivimos —y no hace falta ir muy lejos para darse cuenta— en un mundo, o más bien en una sociedad, muy violenta. Y cuando hablo de sociedad no me refiero a cada país de forma individual, sino a un sistema global que está basado en valores violentos, en valores patriarcales. Vivimos en un mundo pensado por los hombres y para los hombres, y en un mundo donde los hombres oprimen a las mujeres, a los niños, a todas las minorías de género, a las personas racializadas, a las personas con discapacidad, en fin. Así que creo que, partiendo de ese principio, aceptar que puede haber enfoques más respetuosos, que no se basen en una lucha de poder, exige cuestionarse profundamente. Exige abandonar ciertos privilegios, dejar espacio a las mujeres o a personas que tengan ideas diferentes. Porque eso significa que, mientras nos cuestionamos, tenemos que reaprenderlo todo; tenemos que bajarnos un poco del trono e intentar buscar otras maneras de hacer las cosas. Así que vuelvo a la cuestión de los privilegios: realmente implica soltar el poder. Y esto no significa que todos los hombres sean así; significa que, estadística y culturalmente, los hombres oprimen a otros seres, ya sean animales o seres humanos. Ni siquiera nos planteamos educar a nuestros hijos sin violencia, así que ¿por qué íbamos a plantearnos educar a nuestros perros o practicar deportes donde hay combate sin violencia? Para esas personas resulta inconcebible. Por eso creo que sí, que está directamente relacionado con el género. Pero eso no significa que sea demasiado tarde para deconstruirse y empezar a pensar de otra manera: tanto el entrenamiento deportivo como la educación, y en general el entrenamiento de todos los animales, podrían hacerse de otra forma.

R: Inês Santos

Sí, sin duda. Un poco como decía hace un momento, creo que tiene mucho que ver con nuestra sociedad y con las expectativas que existen aquí. Cuando digo “expectativas”, no me refiero literalmente a lo que se espera, sino a lo que tradicionalmente se ha asignado al papel del hombre y al papel de la mujer. Y creo que eso luego se refleja en otras áreas. Obviamente, nuestra sociedad está cambiando, y la forma en que se entienden los roles de hombre y mujer es cada vez más flexible y conectada; ya no existen esas “cajitas” tan rígidas de lo que se supone que cada uno debe ser. Pero la verdad es que la mentalidad de la sociedad tarda mucho en cambiar, y por eso creo que mejorará, aunque estoy seguro de que esto está muy ligado al rol tradicional del hombre fuerte, el que controla todo, muy rígido, “el señor”. Y eso se traslada también al entrenamiento del perro: es un hombre que libera sus frustraciones. La mujer, en cambio, no. La mujer suele ser más reflexiva, calmada, tranquila, tierna, con un papel casi maternal, y a veces también puede… Incluso hay hombres que dicen: “Ah, no puedes ser así, estás…”. ¿Cómo nos decían? “Tienes que ser más dura que el perro, eres muy permisiva”, y muchas cosas más. Es decir, aquí hay… creo… que hay, sin duda, un rol muy vinculado entre la sociedad, el género y el tipo de entrenamiento que las personas realizan. Creo que esto va a cambiar, sí, estoy convencida, pero llevará tiempo. Va a llevar muchos años.

P: ¿Qué mensaje darías a otras mujeres que quieren empezar en mordida entrenando en positivo?

R: Manon Machat

Si tuviera un mensaje para todas las mujeres que quieren practicar estas disciplinas de manera positiva, sería: venid. Hagámoslo juntas. Venid a uniros a mi equipo y al equipo de todas las mujeres que se están lanzando a esto y que se están haciendo su lugar. A pesar de los juicios y las críticas, seguimos entrenando, seguimos sacando a nuestros perros a competir. Poneros el traje con vuestros perros, no tengáis miedo. Somos capaces de hacerlo, y podemos hacer cosas increíbles, de verdad. Tenemos nuestro lugar en estas disciplinas. Y, en mi opinión, el cambio vendrá de nosotras, si es que todavía es posible que haya un cambio antes de que estas disciplinas desaparezcan.

R: Inês Santos

En cuanto a las mujeres que quieren acercarse a los deportes de mordida de forma positiva, sin herramientas, creo que es importante buscar bien diferentes clubes y lugares de entrenamiento, asistir a varios entrenamientos… porque ver solo uno no será suficiente para entender realmente cómo entrenan. Hay que buscar varios sitios, ver varios entrenamientos y también tener claro qué es lo que queréis. Saber qué cosas estáis dispuestas a tolerar y cuáles no. Porque puede que terminéis entrenando en un sitio donde utilizan otro tipo de metodología. Si tenéis claro vuestro camino y podéis observar otros entrenamientos sin que eso os incomode, quizá pueda ser una solución, siempre que tengáis ese límite claro. Idealmente, es más fácil encontrar un lugar que entrene de acuerdo con vuestra forma de pensar y vuestra forma de trabajar, porque así todo encaja mejor. La forma en que explicamos las cosas al perro puede ser diferente, y por eso la comunicación —tanto con el perro como entre las personas— suele ser más sencilla cuando el lugar está alineado con nuestras ideas. También creo que es importante tener en cuenta que no va a ser un camino fácil. Habrá muchas cosas por el camino que pueden desmotivar. Pero el Mondioring es un deporte muy bonito y creo que merece la pena. Sin duda volvería a recorrer este camino. Probablemente en el futuro lo volveré a hacer. Pero no es un camino fácil, eso es verdad.

R: Desiree Cerati

 A las mujeres que quieran acercarse a los deportes de mordida y quieran practicarlos utilizando el método positivo les puedo decir que sí, que es posible. Tenéis que verlo como una obediencia “con traje”. La mayor parte del tiempo incluso podéis entrenarlo solas, porque todos los ejercicios están construidos exactamente como ejercicios de obediencia.
 Así que arremangaos… ¡y os espero!

Una reflexión para cerrar

Escuchar las experiencias de estas mujeres nos pone los pelos de punta. Aunque las cosas están cambiando, todavía hay muchas situaciones que hacen dudar sobre si vale la pena seguir en este mundo de deportes de mordida. La realidad de algunas competiciones sigue mostrando perros estresados, presión excesiva y métodos que priorizan el rendimiento por encima del bienestar animal.

Pero aquí está la oportunidad: cada vez somos más las mujeres que practicamos estos deportes, y no debemos alegrarnos solo por las cifras. Podemos ser la vía de entrada de nuevos enfoques, aportando otra mirada, otra forma de entender la competición. No se trata de imitar los roles de los hombres que dominaron estas disciplinas durante décadas; se trata de poner en el centro la relación con nuestro perro, su bienestar y el disfrute mutuo.

Si hay un cambio posible, vendrá desde nosotras, desde esta nueva perspectiva que combina técnica, pasión y respeto. Y, si logramos transmitirlo, no solo transformaremos la manera de entrenar y competir: estaremos abriendo un camino para que los deportes de mordida sean más humanos, inclusivos y sostenibles, para todos los binomios que quieran formar parte de ellos.

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