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Los masticables en educación canina: Mucho más que un entretenimiento

Actualmente se habla mucho del enriquecimiento ambiental y de los beneficios de la masticación en perros, pero ¿realmente la usamos bien y le sacamos todo el potencial?

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Seamos honestos: ¿cuántas veces has dado un masticable a tu perro simplemente para que “se entretenga un rato”? No hay nada malo en ello, pero lo cierto es que los masticables pueden ser una herramienta increíblemente útil en educación canina si sabemos cómo y cuándo utilizarlos.

No son la solución definitiva, pero son muy útiles

Antes de nada, aclaremos algo importante: dar un masticable a un perro no va a solucionar automáticamente un problema de conducta. Si tu perro no sabe estar tranquilo en una situación, no basta con darle un masticable para que todo se arregle. Pero sí que puede formar parte de la intervención, y de una manera muy efectiva.

Los masticables nos ayudan a bajar los niveles de activación del perro, favorecen la relajación, podemos utilizarlos para reforzar conductas e incluso pueden reducir la probabilidad de que aparezcan respuestas problemáticas.

Conocer los diferentes tipos de masticables y aplicaciones nos puede ayudar en la educación de nuestro perro o en objetivos terapéuticos si lo aplicamos bien. No se trata de dar masticables porque sí en cualquier situación, sino de utilizarlos en momentos concretos y escoger los mejores masticables para cada situación.

La importancia de elegir bien: tipos según dureza

No todos los masticables son iguales, ni todos sirven para lo mismo. La clave está en entender que cada tipo tiene su momento y su función específica. Vamos por partes:

Los pequeños y blandos: el premio perfecto

Masticables más pequeños o que se parten fácilmente.

Hablamos de pulmón, trozos pequeños de tripa, pescaditos, trozos de carne seca e incluso calamar (¡a los perros les flipan!). Son perfectos como premios porque tienen varias ventajas que los hacen súper prácticos: no se estropean, a la mayoría de perros les encantan, son saludables, fáciles de llevar y, seamos sinceros, no acabas con una pasta de salchichas recalentada en el pantalón al final del día.

Además, son geniales para ejercicios de olfato. Esparcir unos cuantos por el suelo puede convertirse en una actividad súper enriquecedora para tu perro.

También van muy bien para perros de tamaño pequeño o que tienen menos fuerza en la mandíbula. Y aquí viene algo importante: si tu perro está muy activado y rechaza masticables más duros, es probable que este tipo de masticable sea el primero que se quiera comer. En estos casos es muy importante probar con masticables diferentes a ver cuál es el que le llama más la atención a nuestro perro.

Dureza media: gestión de situaciones específicas

Masticables que no se tragan de un bocado, pero se pueden comer sin necesidad de tumbarse. Se los acaban en una sesión.

Los rulos de carne, morros, tráqueas blanditas, patas de pollo, orejas de conejo, tripa verde… estos van perfectos para esas situaciones donde necesitas que tu perro esté concentrado durante un tiempo corto, pero sobre todo cuando no queremos que aparezca una respuesta problemática como ladrar o dirigirse hacia un estímulo de forma rápida e intensa.

¿Se pone nervioso cuando llegan visitas? ¿Ladra sin parar cuándo él repartidor te entrega un paquete? ¿Necesitas pasar por delante de esa valla donde los perros del vecino montan su espectáculo diario? ¿Tu perro se activa mucho cuando llegas a casa después de haber estado un rato solo? Un masticable de dureza media puede ser súper útil en estas situaciones.

La idea es que el perro se concentre en el masticable justo en el momento en que normalmente aparecería la conducta problemática. Vamos darle una alternativa mucho más interesante. Eso sí, es muy importante escoger bien el masticable para estas situaciones.

Los duros: inducir calma

Masticables que necesitan un rato y ponerse cómodos para comérselos. Pueden cansarse y no terminarlos en el momento.

En este grupo encontramos nervios, trozos de piel (la de camello es la más dura), tráqueas, orejas grandes o duras, carne prensada, vejiga… Todos ellos ayudan a reducir los niveles de activación de nuestros perros. Y aquí viene algo interesante: es muy probable que, si están muy activados, los rechacen al principio.

¿Por qué? Porque masticar durante periodos prolongados requiere tranquilidad y concentración, y cuando están muy excitados les puede costar ponerse a ello. Pero si conseguimos que se tumben y empiecen a masticar, vamos a favorecer su relajación en esa situación.

Son perfectos para cuando viene visita y se queda un buen rato, si vas a dejar a tu perro solo más tiempo del habitual, o para ir a una terraza con un perro joven o con el que aún no has trabajado los tiempos de espera relajado.

Los extra duros: enriquecimiento ambiental y gestión de conflictos

Masticables que duran varios días.

Los cuernos de cabra, vaca, la parte interior del cuerno, pezuñas, queso de yak… Estos masticables son perfectos para tener por casa y que nuestros perros puedan masticar cuando les apetezca. A nosotras nos encanta tenerlos disponibles y nuestras perras se gestionan libremente. 

Además, podemos recordarle que están disponibles en momentos estratégicos: cuando están nerviosos por algo, cuando muerden cosas no adecuadas como muebles o zapatos, cuando molestan a otros perros de casa…

Pero además tienen una aplicación muy interesante en la gestión de conflictos entre perros. Te pongo un ejemplo real: el otro día, Benito quería jugar y Milky claramente no estaba por la labor. Ella se lo estaba explicando, pero Benito insistía. Si hubiéramos dejado que la situación siguiera, probablemente Milky habría tenido que ser más contundente en su respuesta.

En lugar de eso, les dimos un cuerno a cada uno. Resultado: se pusieron a masticar tranquilamente y se acabó la tensión. A veces las soluciones más simples son las más efectivas.

El contexto lo es todo

Los ejemplos que ponemos y la clasificación que hemos hecho no es algo rígido. Va a depender del tipo de perro que tengas (tamaño, edad, fuerza de la mandíbula…) y de la experiencia que tenga masticando. Lo que sí es interesante es que hagas una clasificación personalizada con diferentes durezas para tu perro y que utilices esto como recurso cuando te vaya bien.

Lo que hace que los masticables sean realmente útiles en educación canina es saber cuándo y cómo usarlos. No se trata de tener la casa llena de cuernos y ya está. Se trata de observar a tu perro, entender en qué momentos puede necesitar esa “válvula de escape” y elegir el tipo de masticable apropiado para cada situación.

Precauciones importantes

Antes de terminar, es fundamental tener en cuenta algunas precauciones:

Debemos prestar especial atención con los perros que presentan protección de recursos y contactar con un especialista en estos casos. 

Cuando demos un masticable a nuestro perro debemos supervisar que no se trague trozos duros enteros que puedan provocar una obstrucción intestinal.

Una reflexión final

Como herramienta educativa, los masticables pueden ser realmente valiosos dentro de una intervención de modificación de conducta o como parte de la educación cotidiana de nuestros perros. La clave, como con cualquier herramienta, está en saber cómo y cuándo usarlos.

La próxima vez que le des algo para masticar a tu perro, piénsalo no solo como un entretenimiento, sino como una oportunidad de educación y bienestar. Puede que descubras que esos pequeños momentos de masticación son más valiosos de lo que pensabas.

Espero que este post os haya servido de ayuda y que vuestros perros puedan desarrollar la masticación como una actividad más en su día a día.

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